¿QUÉ SON LAS EMOCIONES?

Las emociones forman parte de la vida corriente.
“Emoción” designa sentimientos que cada uno puede reconocer. Se caracterizan por sensaciones más o menos precisas, de placer o displacer. Las positivas, anticipan acontecimientos agradables; las emociones desagradables o negativas se asocian con las experiencias del dolor, el peligro, la culpa, el rencor, los miedos. Las emociones agradables o desagradables tienen una característica en común y es que no son simplemente cerebrales, sino que van acompañadas por modificaciones fisiológicas y somáticas. Para hablar de emociones y compartirlas con aquellos que nos rodean, se pueden designar con términos como alegría, exaltación, felicidad, miedos, ansiedad, rabia, tristeza, depresión, odio, rencor, envidia.
La emoción nace de la interpretación de la situación en sí. Esta posición implica una relación de dependencia entre las emociones y la cognición.
Otra función de las emociones y que es muy importante, es su valor de señal. Por ejemplo, si una de las primeras veces que pongo los pies en un velero siento miedo debido al fuerte viento y al mar encrespado, puedo entrar en razón y quitarme la idea de que el barco se va a pique, al ver que a mi alrededor la tripulación se dedica tranquilamente a su tarea.
Las teorías fisiológicas ponen el acento en el tipo de relaciones posibles, en cuanto al estado mental cognoscitivo y su expresión somática. Hay una percepción de las modificaciones viscerales que sigue a los acontecimientos del medio, la fuente de la emoción, y otro que reduce esas modificaciones a simples correlatos. Para resumir estas teorías caricaturescas podemos decir que se trata de saber si tengo miedo porque corro, o si corro porque tengo miedo.
La emoción sentida es más intensa cuanto más perturbada está la fisiología, pero sin que ésta afecte la cualidad de la emoción.

por Elida Calçada

¿NOS SIRVEN?

Desde muy temprana edad nos enseñaron que las emociones no sirven. Cuando llorábamos después de habernos dado un golpe, nos decían: “No llores, no es para tanto”. Si mostrábamos nuestro enojo en forma manifiesta, nos decían que nadie nos iba a querer, si seguíamos actuando así. Lo emocional no estaba bien visto y pronto aprendimos que era mejor reprimir las emociones, si no queríamos ser censurados o dejados de lado.
Por mucho tiempo nadie se dio cuenta que esta actitud tendría consecuencias muy negativas para la salud psico-física. Reprimir emociones significa un gasto energético y por lo tanto fatiga. Además nos limita en el despliegue de nuestra vida interior.

Por 200 años le dimos el predominio al intelecto; el desarrollo de éste tenía absoluta prioridad en todos los programas escolares, pero hoy en día, gracias al trabajo de investigación de muchos científicos en Ciencias Humanas, en Neurolingüística y en Inmunología, se descubrió que el Cociente Intelectual más alto no garantiza, ni el éxito en la vida, ni la salud y menos aún la felicidad. Para triunfar verdaderamente en la vida, se debe desarrollar también la Inteligencia Emocional. Recién cuando ambas inteligencias se desarrollan, la vida se hace plena y feliz. Todas las emociones tienen un lado positivo y uno negativo.

Por ejemplo, la ira puede llegar a ser destructiva y en casos extremos hasta llegar al asesinato. Pero si se modula la ira, sin reprimirla, se obtiene una gran energía, que puede volcarse en una acción productiva. Así podríamos estudiar las emociones una por una y ejercitarnos en ellas, dándoles plena aceptación. Nos sentiríamos infinitamente más ricos y más plenos y descubriríamos que, con pequeños cambios en nuestras actitudes, obtendríamos grandes resultados en distintas áreas importantes de nuestras vidas.

por Ruth Junker

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