LOS ÍDOLOS

El ídolo es un personaje necesario psicológicamente durante el proceso de desarrollo en el que sirve como elemento de protección de un objeto interno idealizado, que encarna las aspiraciones del individuo, y que cumplen una función protectora frente al constante acecho de sus miedos básicos.

A través de ese fenómeno de identificación con el ídolo, el individuo adquiere una pertenencia a un grupo determinado.
La adolescencia, se desarrolla a través de un incesante intercambio entre ellos. Cuanto mayor es la conciencia entre estas aspiraciones y el comportamiento del sujeto-ídolo, más intensa es la adhesión que despierta.

La figura idealizada emerge como más necesaria en un contexto de crisis en el cual se desdibujan el padre y la madre. En este medio el niño pierde, progresivamente la posibilidad de identificarse con su padre, y ese conflicto básico de imitación y rechazo, que recorre todo proceso de desarrollo, pierde vigencia. En su lugar emerge un sentimiento de vacío, de aburrimiento, de angustia. La vida parece no tener sentido, es necesario hacer una hacia un padre ideal. Aparece entonces la búsqueda de ideologías y símbolos que representaran unas al padre y otras a la madre.

El nuevo modelo es de un ser humano en la desesperada búsqueda de su propia realización a través de la instrumentación del amor y del bienestar.
La rebelión de los jóvenes adquiere un lenguaje propio que se hace manifiesto a través de su vestimenta, su música, sus diversiones, pero de un modo particular por medio de sus ídolos, portavoces del orden distinto al que aspiran.

«Nunca se sabe hasta que se intenta. Y no se ha intentado si no se intenta de verdad. Pones todo tu esfuerzo, das lo mejor de ti. Y si lo has dado todo de ti y aun ‘fracasas’, la verdad del asunto es que no fracasaste. Cuando vas tras los sueños, no importa cuales sean, creces con el esfuerzo, aprendes con el intento y ganas con la acción» – L. Parsons

Que la búsqueda de tus ídolos, no te lleve por caminos oscuros.
Que en tu corazón prevalezca la honestidad, la humildad y el amor.
Recuerda este secreto: «No se ve bien sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos.»

LO OCULTO

La sociedad sufre un proceso de desintegración que la incapacita para funcionar como subestructura temporo-espacial, fuente de seguridad para los individuos.
Esta crisis social magnifica el fenómeno de la idolatría, presente de un modo implícito o explícito en cada uno de nosotros.
El hombre recurre a técnicas defensivas que lo liberen del insospechable sentimiento de inseguridad. Busca en el ídolo un modelo que funciona como la antítesis del chivo emisario o depositario de toda culpa.
Se establece con el ídolo un vínculo positivo y aquel se convierte (en lo que en psicología se define como) objeto bueno. Su valoración sufrirá modificaciones cuantitativas, en proporción al monto de la angustia. Toda esta situación está marcada por el signo de la incertidumbre.
Toda actividad del yo se centra en el esfuerzo por controlar esos objetos y evitar la contaminación de lo bueno. Cuando ese yo sufre frustraciones se incrementan los miedos y aparece el trastorno en la conducta, que puede ser descrito como un enfermar de amor y por odio.

El sujeto se une al ídolo con lazos de dependencia. Esta situación de dependencia puede presentar modalidades diferentes:

a) Simbiótica: si hay intercambio entre hombre e ídolo; b)parasitaria: si el sujeto subsiste a expensas del ídolo

b) Siamétrica:si la fusión con el objeto idealizado es total.

Dentro de la constelación de “Dioses sin rostro” a los que recurre el hombre moderno para ponerse a salvo de sus ansiedades, la ciencia, con la audacia de sus descubrimientos y el despliegue espectacular de la tecnología, cumple un rol de ídolo todopoderoso, acreedor de todos los sacrificios.

El desarrollo de la humanidad se cumple a través de tres momentos: el Mágico, el Religioso y el Científico. El pensamiento, en una cadena causal, trata de imponerse sobre la magia y el milagro, que ya no resultan operativos para controlar los viejos miedos humanos.
Puede afirmarse que a mayor miedo, más compleja y poderosa se hace la estructura del ídolo. La ciencia conjuga lo racional con lo mágico y esta identificación entre sabio y hechicero aparece como reacción frente al esclarecimiento de los fenómenos sociales y del manejo de la conducta.

La tarea de nuestra cultura será la de guiarnos para reelaborar una nueva concepción del mundo que sea la base teórica de una nueva civilización sin contradicciones ni limitaciones.

por Lic. Ana Liguori

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