ENEAGRAMA

Del Autoconocimiento a la Autotransformación

Según las enseñanzas del Dr. Claudio Naranjo -considerado un Maestro en el círculo de los iniciados, lo cual significa haber alcanzado una sabiduría que está más allá del conocimiento académico- «la base de todo sufrimiento humano es la pérdida del Ser, o sea la ausencia de la experiencia directa con nuestra Esencia».
Claudio Naranjo nos dice que a través de su experiencia le resultó obvio «que lo psicológico y lo espiritual son dos polos de una misma unidad», y nos enseña y nos demuestra cómo la psicoterapia, más allá de la incorporación de disciplinas espirituales, puede servir a un Propósito Espiritual Superior.

Si bien el Eneagrama constituye la herramienta principal de esta enseñanza, que lo utiliza como mapa para el estudio de la personalidad humana, no es mi intención referirme específicamente a este emblema ni describir los diferentes tipos de carácter representados en cada uno de los 9 puntos.
Teniendo en cuenta que la premisa mística de esta Enseñanza, a la que Gurdjieff se refería como Cuarto Camino, sostiene que «la humanidad está en el proceso de evolucionar hacia formas de conciencia más elevadas», resulta claro que su objetivo fundamental va mucho más allá del hecho de identificar en el Eneagrama el propio rasgo de carácter y el de los demás.
La labor consiste sí en ahondar en el eneagrama, mas para ir descubriendo a través de la autobservación profunda y consciente que «lo que hago» no es «quien Soy en realidad».

Partiendo de la indicación precisa recibida de Claudio Naranjo: «…poder llegar a distinguir cada vez con mayor claridad la diferencia entre Personalidad y Esencia», el trabajo que se propone es considerado como el inicio de un sendero que nos ha de conducir, mediante la práctica constante de la autoinvestigación consciente, a percibir esa distinción.
Lo que este sistema tiene de especial es, precisamente, que la observación profunda de nuestros hábitos neuróticos, nos ha de servir como puente para alcanzar otros niveles de conciencia. Y es entonces cuando podemos comprender que si bien es importante el reconocimiento de ese conjunto de fenómenos que constituyen nuestra personalidad, la experiencia última consiste en alcanzar el contacto directo con nuestro verdadero Yo.

El malestar, la confusión, las contradicciones aparecen cuando desconectados de nuestro Ser Interior, quedamos atrapados por las necesidades neuróticas del ego, personalidad o falso yo. Mas cuando a través de un profundo conocimiento de sí, logramos contactar nuestra verdadera esencia, aunque más no sea por breves instantes, podemos experimentar un amor a Todo, un amor incluyente, no contaminado por los pensamientos, un amor que nos inunda, nos esclarece, abriéndonos a una comprensión más auténtica. Un amor que nos nutre y nos sostiene y nos anima a seguir hollando el camino.

«Cuando niños, nuestra fragilidad y dependencia respecto de nuestro entorno nos doblegó, y el sufrimiento nos ha dejado en un estado de alarma automática y obsoleta. Necesitamos aprender, por lo tanto, a relajarnos ante el dolor, aceptando la realidad de nuestra experiencia y encontrando la actitud más sana posible frente a lo que nos duele o molesta. Tarde o temprano, descubriremos que tal actitud sana es una actitud amorosa. Pero saberlo no nos ahorra el proceso, pues ello es mucho más fácil de decir que de hacer: nuestro amor es, por lo general, muy delicado y soporta poco las frustraciones. Ser capaces de mantener viva la llama del amor cuando más duele, es característico de la compasión que -como hemos visto- es hermana de la sabiduría.»
(Claudio Naranjo, «Cosas que vengo diciendo… sobre el amor, la conciencia, lo terapéutico y la solución al problema del mundo», 1a ed. -Buenos Aires- Kier, 2005).

Para este Trabajo cuyo objetivo principal es el autodesarrollo humano, necesitamos cultivar una actitud de apertura y aceptación que nos permita descubrir en profundidad los condicionamientos cognitivos, emocionales y de comportamiento que tanto limitan el desarrollo de nuestro potencial humano.
Es un emprendimiento de autogestión en busca de la «acción correcta», no en el sentido externo de la acción buena o mala, sino en el sentido de ser uno mismo, sin estar dominado por sentimientos perturbadores que sólo distorsionan nuestras necesidades verdaderas.

Tanto la esencia como la personalidad son necesarias para ese Trabajo. La esencia debe contar con la personalidad, de lo contrario no tendría deseos de desarrollarse. Las preocupaciones de nuestra personalidad (los obstáculos que queremos superar, nuestros hábitos neuróticos, condicionamientos, falsas estructuras), constituyen el material de estudio que nos ha de servir para transmutar la personalidad en herramienta funcional a la esencia.
En este proceso de conocimiento de sí, que implica una constante observación del ego, la esencia gana en fuerza y madurez, y nuestra vida en plenitud, alegría y templanza.

«Se produce una gran satisfacción si en la situación en que trabajamos, nuestro esfuerzo y nuestra lucha se transforman en armonía. Cuando eso ocurre, es que algo ha constituido y ha encontrado a la vez su propio lugar en el mundo existente» (Estudios Sobre el Eneagrama, J.G. Bennett. Ed.Sirio).

Esta Cuarta Manera de la búsqueda interior requiere de una Experiencia integradora del individuo. Es un intento permanente de equilibrar y armonizar las actividades de los tres cerebros del hombre: el instintivo-motor, el emocional y el intelectual, y también procurar el desarrollo del cuarto cuerpo o cuerpo divino. Es el equilibrio y armonización de todos los cuerpos del hombre, lo que va procurando expansiones de conciencia.

Acceder a un nivel de conocimiento no distorsionado y desarrollar las Virtudes Espirituales, significaría actuar desde los cuerpos emocional y mental de nuestro Yo Superior, sin las interferencias egoicas. Nuestras actitudes serían entonces las expresiones auténticas de nuestra Verdadera Naturaleza.
Esta transformación, nos dice Claudio Naranjo, «cuando es verdadera, resulta «contagiosa», y nuestro diario vivir y nuestro entorno se va tornando cada vez más armónico, más placentero. Y puede que el amor carente y posesivo vaya dando lugar a un amor más auténtico e incondicional, desarrollando así la capacidad de valorar y disfrutar, desde una mirada más abarcativa, ese conjunto de pequeñas circunstancias que conforman nuestra vida cotidiana.

«…Porque si es cierta esta idea de que es el amor lo que nos hace felices, lo importante no es que consigamos ser queridos, sino que logremos comprender y superar los obstáculos que nos impiden movilizar nuestro potencial amoroso.»
(Claudio Naranjo, «Cosas que vengo diciendo…», Ed. Kier).

por Psicoterapeuta Irma Ponce

DEL AUTOCONOCIMIENTO A LA AUTOTRANSFORMACIÓN

Luego de las reflexiones expuestas en el artículo anterior tendientes a esclarecer el objetivo primordial de este Sistema de Trabajo sobre sí que utiliza el Eneagrama como mapa para el estudio de la personalidad, considero oportuno agregar algunas reflexiones sobre la Tarea en sí.

Cuando comenzamos a preguntarnos ¿quién verdaderamente soy? ¿para qué vine a este mundo? ¿cuál es mi destino? etc., etc. etc., puede que comencemos también a percibir un deseo de búsqueda interior, un deseo de búsqueda de la Verdad. Como un llamado de regreso al Hogar, a la Fuente de Origen.
Hay un refrán Sufí que así expresa esta idea: «Llegar a ser lo que eras antes de que fueras, con el recuerdo y la comprensión de aquello en lo que te habías convertido».

Primeramente podemos ir descubriendo nuestras motivaciones, tendencias, comportamientos, miedos, impulsos, agresiones, etc., todo eso que constituye como «un otro yo», ese yo quien creemos que somos, ese yo que anhelando la plenitud no acierta el camino. Anhelo de un estado de plenitud al que sólo hemos de acceder mediante la liberación de las limitaciones a que nuestros condicionamientos nos conducen.
Contemplamos una acción pasada que sentimos o consideramos «negativa», su sola evocación nos produce «algo desagradable»: dolor, culpa, contrariedad, frustración, etc., etc. En sí, no se la puede deshacer, no es posible volver atrás. Lo que sí podemos es, desde una actitud de testigo totalmente imparcial, observar profundamente toda la experiencia hasta llegar a descubrir la motivación más sutil, más oculta, que es en realidad la que, ignorada por nosotros mismos, nos impulsa a tomar esas actitudes reiterativas que tanto perturban nuestro bienestar.
La comprensión de uno mismo requiere llegar a captar estos patrones repetitivos, esa «manera de» reaccionar en nuestra vida de relación con los otros.

He aquí el desafío. Mirar hacia adentro, aceptando nuestros supuestos yerros, viéndolos como oportunidades para crecer. No se trata de culparnos o lamentarnos sino por el contrario, utilizar cada experiencia para aprender, pues al observarla en profundidad nos puede demostrar la falacia de nuestra motivación («fabricada por el ego») y liberarnos de ella. Porque cuando logramos comprender verdadera y profundamente algo sobre nosotros mismos, ya no es lo mismo, ello cambia, nos libera y nos transforma.
A medida que a través de la práctica constante de la auto-observación, llegamos a tomar conciencia de la esclavitud a que nos someten nuestras respuestas automáticas y obsoletas, vamos despertando al deseo de vivenciar transformaciones sanadoras.
La tarea de observar esas experiencias en las que nos hemos sentido dominados por el miedo, la ira, la intolerancia, la soberbia, la autocensura, etc., etc., nos brinda la oportunidad de descubrir qué nos faltó en aquel momento. ¿Cuál es la Virtud que hubiera necesitado contactar?: Coraje? Decisión? Autenticidad? Humildad? Sobriedad? Aceptación?…
Podemos comenzar por proponernos actitudes diferentes, sanas, teniendo en cuenta y dándole cabida a nuestras Virtudes. Pues ellas permanecen en nuestro interior más profundo, al que es posible acceder y desde el cual manifestarnos espontánea y auténticamente dando expresión así a nuestro Verdadero Yo.

Y puede suceder entonces que en lugar de sentirnos perturbados por el miedo, la duda, la ira, la intolerancia, la autocensura, la soberbia, etc., comencemos a sentir serenidad, valor, seguridad, comprensión, etc. Y puede que ese placentero sentimiento de plenitud interior nos predisponga a desarrollar un amor más verdadero e incondicional tanto al prójimo como a nosotros mismos y a transitar la vida con auténtica libertad.

por Psicoterapeuta Irma Ponce

Fijación 1: ego enfado

El «ego-enfado» exige perfección de sí mismo, de los demás y del mundo que los rodea. La perfeccián que intenta conseguir es subjetiva, según sus propios cánones de perfeccián. Al no conseguir esta perfección se desencadena automáticamente una frustración interna o enfado hacia uno mismo, hacia los demás y hacia el mundo, ya que no cumplen con sus exigencias de perfección. Como soy muy perfeccionista, fácilmente detecto la imperfección; es como si tuviera unas antenas especiales para detectar la más mínima imperfección.
Esto me hace ser muy crítico conmigo mismo, con los demás y con mi realidad circundante.
Siento dentro de mí un juez o crítico interno que me está constantemente observando, analizando, criticándome y corrigiéndome. La voz de este crítico interno me impide estar tranquilamente quieto o inactivo; tengo que estar siempre activo; no puedo desperdiciar ni un minuto de tiempo; ¡todavía falta tanto que hacer para alcanzar la perfección…! Mi crítico interno me hace repasar toda mi actividad examinar si he actuado adecuadamente. Con frecuencia proyecto mi crítico interno en los demás y creo que los otros me están juzgando y criticando con la misma dureza y exigencia conque lo hago yo conmigo mismo.

Fijación 2: ego superioridad

Soy un ayudador compulsivo. Necesito ayudar a los demá. Ayudo desde una aparente postura de superioridad: «yo tengo lo que tú necesitas; puedo darte lo que tú quieres»; con esta aparente superioridad estoy ocultando un gran sentimiento de inferioridad; en realidad no tengo noción de mí mismo, no me siento ni me experimento, sino en tanto cuando ayudo a los demás o estoy haciendo algo por ellos. Mi gran lucha y conflicto consiste en liberarme de la dependencia tan grande que siento de los demás y ser realmente independiente. Mi dependencia hacia ellos consiste en que necesito de su aprobación para sobrevivir; necesito que los demás aprueben mi ser y mi actuar; y que me den permiso para ser quien soy. Aparento independencia, porque reprimo mis necesidades y me cuesta enormemente pedir ayuda o reconocerme necesitado ante alguien, incluso ante personas muy allegadas a mí. Lo que más deseo es sentirme libre, independientemente de las demandas que los demás me imponen y de la dependencia que los demás tienen de mí; pero, a la vez, tengo que reconocer que soy yo mismo quien fomenta esta dependencia, pues mi estilo de ayudar crea dependencia. No sigo el proverbio chino: «No des un pez; enseña a pescar». Hago todo lo contrario: no enseño a pescar, pues necesito que diariamente llames a mi puerta y me pidas un pez.
Sólo así me siento vivo. Si ya no me necesitaras, porque hubieras aprendido a pescar por ti mismo, yo me sentiría muy mal.
La gran contradicción es que, a la vez, me rebelo y me siento atosigado por la dependencia que he creado con los demás. Otro conflicto típico de mi personalidad es que idealizo el amor y el sentimentalismo; creo que el amor viene de afuera y no de mi interior.
Me infravaloro mucho; por eso busco fuera la afirmación y la valoración de mí mismo.
Una de las experiencias más horribles para mí es que alguien me rechace; entonces me siento vacío; en el fondo, temo estarlo: es como si mis acciones caritativas fueran sólo el bonito envoltorio de una caja vacía. Me siento como si no fuera nadie, o como si cesara de existir si dejo de hacer favores.
De aquí nace mi necesidad compulsiva de «hacer el bien»: es mi manera de garantizar mi ser y mi existir. De aquí procede también el que sea un adulador compulsivo; adulo y alabo a los demás como medio de conseguir ser querido y aceptado. En el fondo, espero que los demás me correspondan también alabándome con el mismo tipo de alabanza que yo prodigo. Cuando no recibo alabanzas de los demás, me siento profundamente herido; y a la vez, cuando me alaban, no doy casi ningún valor a esa alabanza, ya que yo mismo sé el poco valor que yo doy a las alabanzas que dedico a los demás, porque si soy sincero, sé que mi alabanza es una forma de manipulación, ya que busco que me quieran y me aprueben, alabando. El colmo de mi compulsividad está en que soy capaz de gastarme y desgastarme en disponibilidad y servicio a los demás, de tal manera -no teniendo en cuenta mis necesidades de descanso por ejemplo- que sólo cuando mi cuerpo ya no puede más y enfermo, sálo entonces mi enfermedad justifica el que «me ayude» a mí mismo o me permita pedir ayuda a los demás. Fácilmente se entiende que, como buen «2», mi ego viva siempre agobiado, presionado por las necesidades de los demás, sin tiempo para mismo y agotado de tanto dar.

Fijación 3: ego eficacia

Soy una persona extremadamente activa, no puedo estar quieta por un momento, porque lo considero una pérdida de tiempo, y el tiempo hay que aprovecharlo productivamente, eficazmente. Para mí, la eficacia y la eficiencia son algo que valoro enormemente.
Soy una persona en constante productividad, eficiente y eficaz; no tolero la ineficacia en torno a mí. Siento preferencia por puestos de trabajo donde tenga que organizar el trabajo y la productividad de otras personas. Rindo mucho en él y sé hacer que los demás rindan y sean eficaces y productivos.
Siento como un exceso de energía física; soy fuerte, enérgico, atlético, vigoroso y de aspecto juvenil. Además, soy de temperamento asertivo y competitivo. Tengo dotes naturales de organización.
Identifico y defino objetivos claramente y sé qué pasos he de dar para lograrlos. Soy preciso; me gusta ir midiendo los progresos y resultados de mi actividad. A veces mi eficacia puede resultar algo mecánica: algunos me perciben como una máquina, algo impersonal y frío, y me dicen que me identifico con mi «rol» y que no pueden ver a la persona que 1ate y vibra detrás él. Tal vez tienen razón: me he hecho tanto a mi propio «rol» que es verdad que a veces me siento incámodo cuando tengo que actuar fuera del mismo y que tan bien he asumido.
En realidad, no sé muy bien qué quiere decir estar en contacto conmigo mismo; es como si mi personalidad interior no existiese y todo mi yo fuera sálo mi imagen pública, el «rol» o la mácara sonriente hacia fuera.
Como si yo fuese un actor que representa un papel. Terminada la actuación, es como si no existiera, excepto en mi constante representacián del papel que he asumido en mi vida.

Fijación 4: ego melancólico

Soy una persona que me siento especial, distinta de los demás en cuanto a mis sentimientos. Siento que mi capacidad de sentir es muy diferente de la mayoría de las personas. Creo que siento con más intensidad que los demás. Mi alegría no es una alegría común; es un gozo sublime, algo así como un éxtasis de gozo puro. Mis penas y mis tristezas no son penas y tristezas comunes y corrientes. Yo las experimento de manera trágica y dramática.
Como me vivo tan único y especial en cuanto a mis sentimientos, siento que nadie puede comprenderme, pues me parece que nadie siente con la misma intensidad que yo. Este sentimiento aumenta mi sensacián de soledad y abandono.
Siento una dificultad especial en distinguir los límites entre mis sentimientos y los sentimientos de los demás, pues tiendo a hacer míos estos últimos, de tal manera que los sentimientos me desbordan.
Cuando me siento así, inundado y desbordado de sentimientos, necesito compartirlos con alguien; pero es tal la carga sentimental que experimento que me doy cuenta de que asusto a los demás, pues mi intensidad llega a desbordarles, y siento que por ello los demás me esquivan, lo cual refuerza mi sentimiento de «distintidad»: ¡Nadie me comprende! ¡Mis sentimientos son tan especiales…! ¡Me siento absolutamente solo…!
Algunos piensan que exagero y que resulto un tanto teatral. Yo no me vivo así; para mí, mis penas y tristezas son verdaderamente dramáticas. Disfruto con temas que otros consideran trágicos como la muerte, la soledad, la pérdida y el abandono. Con estos temas me siento identificado en mis momentos de tristeza, y encuentro en ellos la oportunidad de sentir y vivir la verdadera intensidad de mi tristeza.
Siento particular predileccián por momentos del día como el crepúsculo y el anochecer. En estos momentos siento que la naturaleza siente conmigo, y esos tonos del firmamento expresan el estado interno de mi espíritu. Otro momento que yo disfruto y que a la mayoría de las personas les disgusta es el de las despedidas; decir adiás a una personar de la que me voy a separar, o a una situacián que tal vez ya no se vuelva a repetir es una ocasián de sentir intensamente, y este sentir intenso es lo que me hace sentirme vivo. Yo transcribiría la famosa carta de Descartes diciendo: «Siento, luego existo». Cuanto mayor es la intensidad de mis sentimientos, más vivo me siento.

Fijación 5: ego ahorro

Me gusta ahorrar; es mi característica fundamental. Acumulo y atesoro con el fin de evitar el gasto innecesario de energía, dinero, tiempo, ideas y, sobre todo, sentimientos.
Me vivo muy escaso y pobre de sentimientos. Soy un gran observador de la vida; me doy cuenta de todo lo que sucede a mi alrededor; la mayoría de las veces, simplemente observo, pero no participo. Me gusta observar desde un lugar seguro, protegido, y prefiero que sea escondido, para así poder yo observar sin ser observado. la vida me parece demasiado peligrosa para involucrarme en vivirla; prefiero observarla sin comprometerme. Temo el compromiso. Prefiero mantenerme aislado, solo, con mis pensamientos y mis ideas. Cuido mucho mis espacios de soledad y protejo, a veces excesivamente, mi privacidad.
Creo que a veces llego a resultar paranoico, pues experimento el interés que los demás muestran por mí como una invasión a mi privacidad.
Cuando alguien me pregunta lo que siento, o se interesa por mi opinión, me gustaría poder retraerme como un caracol. A veces siento el deseo de esconderme para no ser visto. Querría incluso hacerme invisible para que nadie me pida comprometerme o involucrarme. Y a veces parezco realmente invisible, pues entro y salgo de reuniones o encuentros sociales sin saludar y sin despedirme; permanezco en los sitios sin apenas ser visto ni oído. Soy persona de muy pocas palabras. Mi retraimiento es realmente un grito silencioso del gran deseo y necesidad que tengo de calor y amor; pero me resulta muy difícil comunicar o expresar esta gran necesidad que siento.

Fijación 6: ego temor

El conflicto típico de esta personalidad es la lucha constante entre su valor o valentía y su temor o cobardía. La vida es un constante reto a su valentía.
Las personas que tienen esta personalidad resultan a los demás mucho más valerosas y decididas de lo que ellas se experimentan interiormente. Antes de obrar, temen y dudan, incluso obsesivamente; pero nadie imaginaría sus dudas y temores, de no compartirlos ellos mismos. El comportamiento que se percibe desde afuera es el de personas decididas y valerosas.
Con frecuencia buscan la proteccián de alguien a quien ellos experimentan como más fuertes que ellos mismos, aunque en realidad no sea así ya que ellos son personalidades muy fuertes y valientes, aunque muchas veces ellos no se ven a sí mismos de ese modo.
Siente una dualidad fuerte hacia la autoridad: por un lado admira, y vive según sus normas, que él mismo ha hecho suyas; pero, por otro, lucha contra ella. De ahí que resulte contradictorio: unas veces sumiso, y otras rebelde.
Tienen un gran sentido de familia; por ello son muy maternales o paternales. También tienen un gran sentido de fidelidad a la causa de la nacián o grupo religioso, por lo cual son muy fieles a la familia y a los ideales o principios que rigen una nacián o grupo religioso. Resultan personas gratas y acogedoras, que son el optimismo personificado.

Fijación 7: ego planificación

Soy optimista por naturaleza; algunos dicen que soy el optimismo personificado. Estoy haciendo constantemente planes para el futuro; para un futuro, naturalmente, mejor aún que el presente.
Soy muy idealista y super entusiasta. Pienso que la vida hay que disfrutarla a tope. Intento divertirme y pasarlo lo mejor que puedo. Resumo entusiasmo y constantemente sonrío. La vida es un juego en el que hay que divertirse, pero yo a veces no participo en el juego, pues estoy demasiado ocupado preparando o planificando en mi mente futuros juegos, nuevos planes para pasarlo bien. Esta constante planificación me hace ausentarme del presente y no vivirlo. Con frecuencia manipulo el presente para lograr un futuro mejor. Anticipo y saboreo en mi mente ese futuro maravilloso de tal modo que, cuando por fin llega y se hace presente, ya no me parece tan maravilloso, me desilusiona, ¡no es tan ideal como yo lo había soñado!…
Pero no me hundo en la desilusión; es más, escapo rápidamente de ese desencanto del momento presente planificando otra vez un futuro mejor.
Así vivo en un estado de constante escapismo o huida. En realidad, de lo que huyo es de todo lo que supongo dolor, tristeza o sufrimiento. Les encantan las visiones, los sueños, las experiencias místicas. Todo para ellos es una experiencia maravillosa. Todo les fascina, les obnubila; todo es alucinante. (Este es el tipo de vocabulario que utilizan, como veremos más adelante.) Todo es interesante para ellos, mientras sea un plan sobre el que puedan hablar. Lo curioso es que raramente llevan a cabo muchos planes. Lo suyo no es la acción; lo suyo es soñar, el imaginar, lo ideal, lo irreal, el mundo de las ideas. De hecho, no actúan, porque están «demasiado ocupados» en su cabeza planificando nuevos planes de acción. Piensan tanto en lo que van a hacer que, con frecuencia, no llegan a hacerlo. En este planificar, no suelen prever dificultades posibles: tan ilusionados están con los planes. Con frecuencia, pierden contacto con la diferencia entre lo real y lo pensado, planeado o imaginado. Hacen constantemente listas de cosas que piensan hacer, y luego raramente hacen. Tienen el arte de disfrutar el lado positivo de todos los acontecimientos, retirando la vista de los menos agradables.

Fijación 8: ego represalia

Se sienten viviendo en un mundo hostil e injusto para ellos. Ante cualquier cosa o palabra que ellos experimentan como injusta, su reacción inmediata, instintiva -incluso antes de que pueda intervenir la razón- es vengativa o de represalia.
Ellos no experimentan esta reaccián como vengativa, sino como respuesta justa a la injusticia que acaban de sufrir. Si se detienen y reflexionan, lo más seguro es que no lleven a cabo esa primera reacción de represalia. Como vivencian el mundo en contra de ellos, viven a la defensiva, siempre preparados para el contraataque. Ellos en ningún momento sienten que están atacando o vengándose; están, simplemente, «haciendo justicia».
Tienen una sensibilidad especial para detectar y descubrir el engaño, la falsedad, lo fingido. Ante esto se sienten compulsivamente impulsados a desenmascarar y demoler. De nuevo, repito que ellos sienten que lo que están haciendo es, simplemente, «hacer justicia» y «dar a cada uno su merecido».
Casi podríamos decir que su lema es enderezar lo torcido y lo injusto. Es más, se castigan a sí mismos y a los demás cuando sienten que no están viviendo según sus ideales de justicia y equidad.
Su sentido de lo que es justo e injusto es muy peculiar. Tienen su propio sentido de la justicia y desean aplicarla en todos aquellos que, de una manera o de otra, dependen de ellos. Cuando se sienten negativos con ellos mismos, pueden ser peligrosos por su tendencia al auto castigo, que es otra forma de hacer justicia con ellos mismos.

Fijación 9: ego indolencia

Esta personalidad es indolente en todo lo referente a su ser y a su esencia y, en general, hacia todo los asuntos importantes. Por contraste, resultan ser personas superactivas en minucias y temas de poca importancia. En realidad, esta superactividad es su forma peculiar de evitar enfrentarse a temas más serios y de mayor importancia.
La indolencia de esta personalidad les hace dejar todo para el final, con lo que consiguen que otros hagan por ellos lo que por sí mismos no son capaces de hacer. Siempre hay alguien más impaciente o más rápido que ellos, con lo que caen en un círculo vicioso de mayor indolencia, esperando -y consiguiendo- que otros hagan las cosas por ellos.
Hay un proverbio chino que, a lo largo de los cursos, distintas personas de personalidad «9» han hecho suyo:
«¿para qué me voy a preocupar si no tiene solución?, y si la tiene, ¿para qué me voy a preocupar? ¡Ya se solucionará!». Con esta filosofía de la vida, ya se pueden imaginar que los «9» son personas tranquilas y apacibles que se alteran pocas veces y por muy pocas cosas.

por Lic. Constanza Lofredda

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